Lección donde menos lo esperas
Esto
ocurrió en una mañana de otoño lluviosa, en el mal llamado rutinario viaje de
vuelta a mi casa luego de una jornada laboral común. Yo, junto a un primo que
descansaba muy tranquilamente del lado de la ventanilla, realicé lo que
naturalmente realizo cuando viajo en colectivo, auriculares, mochila entre las
piernas, música aleatoria y comencé a mirar
el paisaje.
Curiosamente, subió (como tantas veces pasa en el transporte público) una mujer hermosa, ojos llamativos, una vestimenta un poco desarreglada, rastas castañas, bolso, pañuelo en el cuello, con una expresión de desinterés por la vida. En esto pasa, frena, mira, busca algo para secar el asiento que estaba húmedo por la lluvia, al no encontrar nada, simplemente… usa su bolso de toalla… ¡si, su propio bolso!
la situación fue casi cómica, el desinterés por sus cosas personales, termina, y se sienta, apoya los pies en el fierro que da a la parte sin asientos del colectivo. Al rato, al parecer el asiento no estaba lo bastante seco, se molesta, cambia de asiento, se acomoda de la misma manera, se pone su capucha, mientras todos (excepto los que dormían) veíamos como ella hacía estas cosas mientras nosotros tan comunes solo viajábamos como esclavos de sus labores, a lo sumo admirando el paisaje, perdidos en nuestro propio pensamiento, sin intención de buscar una comodidad, condicionados por el ejemplo de la gente que dice o cree ser correcta, acomodándonos de una manera tan incómoda, una manera que no adoptaríamos en nuestra casa, en nuestras sillas, en nuestras mesas al comer, en nuestros sillones, reposeras, etc.
Así fue como una simple acción, bastó para admirarme, el conocerla hubiese sido algo grandioso, mi miedo sigue aquí, mi vida tiene temor aún, no puedo vivir en amor todavía, lo intento, lo estoy logrando, estas personas ayudan a que esto ocurra, a que pueda respirar amor, vida, aventura, seguridad, a que pueda… ser como soy en realidad.
Curiosamente, subió (como tantas veces pasa en el transporte público) una mujer hermosa, ojos llamativos, una vestimenta un poco desarreglada, rastas castañas, bolso, pañuelo en el cuello, con una expresión de desinterés por la vida. En esto pasa, frena, mira, busca algo para secar el asiento que estaba húmedo por la lluvia, al no encontrar nada, simplemente… usa su bolso de toalla… ¡si, su propio bolso!
la situación fue casi cómica, el desinterés por sus cosas personales, termina, y se sienta, apoya los pies en el fierro que da a la parte sin asientos del colectivo. Al rato, al parecer el asiento no estaba lo bastante seco, se molesta, cambia de asiento, se acomoda de la misma manera, se pone su capucha, mientras todos (excepto los que dormían) veíamos como ella hacía estas cosas mientras nosotros tan comunes solo viajábamos como esclavos de sus labores, a lo sumo admirando el paisaje, perdidos en nuestro propio pensamiento, sin intención de buscar una comodidad, condicionados por el ejemplo de la gente que dice o cree ser correcta, acomodándonos de una manera tan incómoda, una manera que no adoptaríamos en nuestra casa, en nuestras sillas, en nuestras mesas al comer, en nuestros sillones, reposeras, etc.
Así fue como una simple acción, bastó para admirarme, el conocerla hubiese sido algo grandioso, mi miedo sigue aquí, mi vida tiene temor aún, no puedo vivir en amor todavía, lo intento, lo estoy logrando, estas personas ayudan a que esto ocurra, a que pueda respirar amor, vida, aventura, seguridad, a que pueda… ser como soy en realidad.
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