No caigo
Ayer era un correr de tiempos extraños, momentos confusos, tiempos hermosos de momentos perfectos a su manera, caían lluvias templadas en tardes pálidas que iluminaban los rostros de nuestras felicidades.
Ayer corrían nuestras esperanzas tras sueños que nos arrastraban hasta algún lugar aún no visible ante nuestros ojos inocentes.
Ayer era cuando teníamos prohibido hablar sobre ciertas cosas y nos distraíamos entre juegos y torpezas que luego olvidamos por circunstancias de la vida.
Ayer aparecía ante nuestros ojos la sonrisa más perfecta que se pueda imaginar, un rostro lleno de alegría en estado de incubación ocultando como podía su fuerza y toda la grandeza que poseía.
Ayer nos desesperamos encontrando la manera, buscando estrategias como quien quiere hacer un jaque mate por miedo a perder la vida.
Ayer nos entorpecíamos y así continuábamos andando sin saber por qué, notando el trastabillo en cada paso y dejando de lado bloques de dudas, miradas incompletas.
Ayer dije cosas y escribí cosas, escuché decir y repetir, aguanté lo que pude, intenté no callar mi pensamiento que poco a poco se iba apagando por razones que desconozco.
Ayer aprendí de errores y aprendí a querer errar de vez en cuando.
Ayer sentí el peso de cargar con cosas que no nos corresponden y luchar por idioteces o por la razón más noble con la misma intensidad.
Ayer entendí cuando y donde soy y fui.
Ayer podía y no trataba, hoy trato y no puedo.
Ayer contenía un fuerte fuego en el pecho que intentaba apagar a cuentagotas y me ahogaba en llamas que no paraban de repetirme a los oídos mis propios deseos e insatisfacciones.
Ayer sentí como es ser, creí poder renacer y me hundí junto con todo lo bueno que obtuve, supe rendirme y pude hacerlo a destiempo como debe ser.
Ayer pedí perdón, ayer traté de sentirme culpable, de escuchar a mi otro yo.
Ayer me mantuve despierto pensando y cocinando razones para no sentir.
Fue inútil.
Hoy la vida dio un giro y espero que sea lo mejor.
Ayer era cuando teníamos prohibido hablar sobre ciertas cosas y nos distraíamos entre juegos y torpezas que luego olvidamos por circunstancias de la vida.
Ayer aparecía ante nuestros ojos la sonrisa más perfecta que se pueda imaginar, un rostro lleno de alegría en estado de incubación ocultando como podía su fuerza y toda la grandeza que poseía.
Ayer nos desesperamos encontrando la manera, buscando estrategias como quien quiere hacer un jaque mate por miedo a perder la vida.
Ayer nos entorpecíamos y así continuábamos andando sin saber por qué, notando el trastabillo en cada paso y dejando de lado bloques de dudas, miradas incompletas.
Ayer dije cosas y escribí cosas, escuché decir y repetir, aguanté lo que pude, intenté no callar mi pensamiento que poco a poco se iba apagando por razones que desconozco.
Ayer aprendí de errores y aprendí a querer errar de vez en cuando.
Ayer sentí el peso de cargar con cosas que no nos corresponden y luchar por idioteces o por la razón más noble con la misma intensidad.
Ayer entendí cuando y donde soy y fui.
Ayer podía y no trataba, hoy trato y no puedo.
Ayer contenía un fuerte fuego en el pecho que intentaba apagar a cuentagotas y me ahogaba en llamas que no paraban de repetirme a los oídos mis propios deseos e insatisfacciones.
Ayer sentí como es ser, creí poder renacer y me hundí junto con todo lo bueno que obtuve, supe rendirme y pude hacerlo a destiempo como debe ser.
Ayer pedí perdón, ayer traté de sentirme culpable, de escuchar a mi otro yo.
Ayer me mantuve despierto pensando y cocinando razones para no sentir.
Fue inútil.
Hoy la vida dio un giro y espero que sea lo mejor.
Ayer entendí cuando y donde soy y fui."
ResponderEliminarProfundidades emergen y veo que tu blog, así como el mio en su momento se volvió terapéutico y hasta necesario. Brindo por eso, porque estas, de alguna forma purgandote.
Leerte es intenso y misterioso.
Bravo.