La chica del vestido rojo
Ese día fui a caminar con la excusa de buscar lo que sabía que no iba a regresar pero insistí porque notaba que aunque lo encuentre no serviría más que para calmar mis deseos y ganas de verla, tampoco me haría mal ya que muy en el fondo sabía lo que estaba pasando. Fue una caminata larga para lo que estoy acostumbrado pero de todas formas recuerdo muy poco, vi a un compañero muy ligado en el pasado a mi pasado reciente junto con lo que asumí era su novia, pero al recordar en realidad era su hermana, incesta manera de percibir el mundo la del inconsciente, rasgos un poco cambiados, ambos con claritos, creo que eso ya no se usa... recuerdo haberme despojado de prendas por un momento mientras permanecían frente a mi ignorándome e incluso vi a más gente, un tipo sospechosamente sospechoso por ejemplo del lado del frente... no me detuve, continué luego de vestirme y encaré para la calle de mis espantos donde mi infancia veía tabús por doquier, pero en la que la realidad vacía cada vez más de significado, crucé a unos chicos jugando a las bolitas, las esquivo, casi me da en el pie pero no desarmé la perfección se esa fila que hacíamos llamar gallo en mis tiempos, dulces tiempos, sospechosamente encuentro en mi bolsillo derecho un puñado bastante grande de estas esferitas y dudo si regalárselas o meterme a jugar, no hago ninguna porque al segundo veo semienterradas muchas más, las junto y se las tiro como una señal de hasta luego... volveré pendejos... me arrepiento del rumbo que estoy tomando y encamino hacia mi casa ya que poco a poco se vaciaba la esperanza de encontrar lo que salí a buscar, dos cuadras que pasaron en un segundo y ahí estaba ella... un poco enojada al parecer, posiblemente haciendo puchero o refunfuñando algo, llevaba un hermoso vestido rojo, con el pelo suelto hubiese estado más radiante pero su típico peinado la hace inconfundible, voy casi ciego a su encuentro cuando pasa mi vieja también con algo rojo, una especie de saco, me saluda y sigue, noto al cruzar la calle que había llovido o tal vez el agua se había estancado pero con dificultosos saltos llego a su encuentro... -no vale, siempre me arruinás las sorpresas- estaba refunfuñando efectivamente -si, lo se- ahí me observo y noto que tengo un pullover de lana rojo también y... que estoy super croto -vamos a mi casa que quiero cambiarme- le digo -si, vamos- fue un alivio al alma... ojalá hubiese mantenido los ojos cerrados por más tiempo...
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