Sobro

La rutina volvió a mi como un cáncer pegándose de lo que más duele y destapó ilógicas conclusiones que no dejan entrever nada claro, caí rendido a mi propia sabiduría y recibí el silencio del que me hago partícipe como respuesta, no hay forma de hacerme entender, por mucho que sienta y más buenas intenciones que regale hay algo que se desgarra cada vez más y cada vez con menor resistencia, no hay fricción que detenga mis impulsos y gracias al uso de mis propios límites internos aún no maté a nadie, pero en este momento no encuentro un castigo más justo, me harté y no sólo de alguien sino de todos y logro entender que sobro entre tantas mentiras, indecisiones, tantos silencios que tuve que aguantar queriendo explotar, borrar mi existencia, morir, irme y dirigirme hacia la nada donde no puedan venir con sus dobles discursos, sus garras, sus armas que únicamente lo que hacen es doler y dejarme cada vez peor, con más que resolver, con más que perdonar, con más que preocuparme, estoy cansado, en cuerpo, en mente, en algo más quizás, ya no sé qué existe y qué no, solo soy yo hoy sin comer, sin querer hacer más que dormir, abrazarme a la almohada para sentirme sólo de la manera más mísera posible y caer, caer hasta lo más bajo y quizás desde ahí recién pueda encontrar algo que verdaderamente valga la pena, donde no hay nada que perder sólo se puede ganar y si no hay voluntad para ganar es porque me la quitaron, destruyeron aquella ilusión que creí conseguir después de tanto desinterés por la vida misma, después de rendirme a lo vulgar vino a mi la esperanza que se agarró como un capricho, un bicho en mi inconsciente, pero al final hay gente que no puede ocultar su naturaleza y mucho menos cambiarla.

Quererte me hizo ser quien soy y estar acá, quizás deba sencillamente quererme un poco más.

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